viernes, 23 de octubre de 2009

Desastre ambiental

Los pescadores de Puerto Píritu denunciaron ayer ante las autoridades que habían notado una mancha oscura sobre el mar. Tras realizarse la inspección detectaron que habían residuos de petróleo en aproximadamente 3 kilómetros de la costa.
José León, subinspector de la policía ambiental de la entidad, informó que la arena estaba negra y el agua tenía una línea larga del mismo color. La policía ambiental, la alcaldía Peñalver, Pdvsa, y pescadores emprendieron hoy un plan de contingencia hasta tanto no se retire la sustancia.
En Pdvsa manifestaron no saber de dónde y cómo se produjo este derrame. Aseguran que es proveniente del Complejo Criogénico y se presume que fue ocasionado por las plataformas que se dirigen a la petrolera. Sin embargo, es la segunda vez que ha ocurrido un accidente como este en la misma zona.
El presidente de la Fundación Ecológica de Peñalver, Pedro Lavana, pidió a la estatal venezolana tener un poco más de responsabilidad y estar preparados ante estos incidentes. Considera que deben entrenar a los funcionarios de Protección Civil para que trabajen en conjunto y resolver la situación lo más pronto posible.
“De no retirarlo con rapidez, el crudo puede afectar el ecosistema de la zona”.
La zona se encuentra acordonada por Protección Civil, por lo menos durante 15 días o hasta que este totalmente saneada la bahía. Les piden a los bañistas de este fin de semana mantenerse alejados de la zona, ya que no habrá actividades.
Hasta el momento, los funcionarios de Insopesca han encontrado cinco bagres de mar y 10 pelícanos muertos en la bahía de Píritu.

lunes, 19 de octubre de 2009

Venezuela: Un país de asesinos

Los crímenes a personajes públicos han sido el símbolo de una larga lucha entre el venezolano y su subsistencia, pues ya data la primera década.
La muerte del actor Yanis Chimaras, junto con los asesinatos del ex-fiscal Danilo Anderson, los hermanos Faddoul, el empresario Sindoni y los estudiantes en Kennedy, contrastan con las decenas de víctimas anónimas que cada semana caen asesinadas, producto de esta violencia extrema que alcanzó su clímax cuando al ministro Diosdado Cabello, le intentaron robar su auto, con la fortuna de que sus escoltas lograron repeler la inminente agresión.
Claro, el venezolano “de a pie” no tiene escolta y termina como víctima de la inseguridad desbordada, directa o indirectamente. Pero el gobierno intenta esconder las cifras o manipularlas al no poder ocultárselas a periodistas, médicos y pueblo, en general, que enseguida las hacen públicas.
El gobierno denuncia que los medios de comunicación distorsionan la realidad. Sin embargo, usted conoce la verdad, porque, tal vez ha sido o tiene un familiar que ha padecido esta inseguridad.Y es que el fin de semana pasado murieron 49 personas. El anterior , murieron 54 y el gobierno no dijo nada. Nunca lo vimos hacer algo por evitar los 38 muertos diarios que hubo en 2006, los 41 muertos diarios en 2007 y los 44 muertos diarios que hubo en 2008. Si a todo esto le sumamos que entre 4 y 5 millones de armas se encuentran, ilegalmente, en manos de civiles y el 85% está en manos de delincuentes, entonces estamos frente a un evidente problema de Estado. No por nada, nuestra capital Caracas, es considerada la segunda ciudad más violenta del planeta, incluso por encima de Bagdad.
Eso nos debe poner a pensar en lo peligroso de nuestras calles y avenidas, nuestros caseríos y veredas, nuestros locales y casas, pero claro, eso ya usted lo sabe porque lo vive diariamente.
El aumento de la desigualdad, la reducción del empleo, el abandono infantil y la instauración de una paradoja terrible entre la democratización de las expectativas y la verdadera posibilidad de satisfacerlas, crean un caldo de cultivo ideal para destruir la sociedad que, poco a poco, va creando sobre sus cimientos un país de asesinos.
Otro factor importantísimo es la impunidad que fomenta y convierte al criminal en una especie de ser inmune al castigo.
Es así como en menos de 10%, se ubican las detenciones con respecto a los delitos y, de ese porcentaje, la mitad sale libre por diversas razones de jueces corruptos, detenciones arbitrarias o fugas. Lo descrito lleva a entender que hay una seria falla en toda la estructura gubernamental que ha hecho poco para desarrollar políticas de freno, prevención, detención y castigo que sirvan para combatir la delincuencia.
Seres que hace 10 años eran apenas bebés, hoy tienen 14 y 15 años, pero ya sujetan armas y un prontuario con muertos incluidos. Son la nueva generación de venezolanos, muchachos capaces de apagar la vida de cualquiera por unos zapatos, relojes o pocos billetes.
Estos asesinos no los creamos con tecnología de punta que permita manipularlos genéticamente, ni con algún tipo de entrenamiento intensivo. Sólo facilitamos las condiciones necesarias para que un venezolano nazca en el peor ambiente económico, de salud, deportivo, cultural, social y así terminamos diseñando muchachos que odian la vida y se convierten en mensajeros constantes de la muerte.

jueves, 8 de octubre de 2009

La inseguridad deja 50 muertos por fin de semana en Caracas

tendido en la camilla de aluminio, en la morgue del hospital- pareciera que las balas no lograron interrumpir el sueño de Jefferson. Hace unas horas lo mataron en su cama, mientras dormía, de cuatro disparos cruzados en el pecho.
Tenía 16 años y su asesino, un amigo del barrio, ronda la misma edad. Él, y la procesión de cadáveres adolescentes que se apilan a su alrededor a medida que avanza la noche, validan la estadística local de que los chicos más pobres son las víctimas predilectas de la violencia que cada fin de semana se lleva entre 30 y 50 vidas en Caracas.
El comisario Darío Caraballo traduce esta situación a cifras. En 2008 dejó un parte de más de 1.900 asesinatos por violencia común y convirtió a la capital de Venezuela en la segunda ciudad más peligrosa del mundo, después de Ciudad Juárez.
Caraballo es uno de los encargados de coordinar el trabajo de los 140 policías municipales que cada noche patrullan el barrio de Petare: una sucesión de viviendas carenciadas que cubren por completo los montes del este de Caracas, que se comunican por unas pocas calles y un complicado laberinto de escaleras, y donde viven unos dos millones de personas.
Sólo en un fin semana, el último de septiembre, 34 personas fueron asesinadas en Caracas. El primer cuerpo baleado que ingresó a uno de los dos hospitales del barrio fue el de Jefferson Michael Ibarra Marrero. "Déjamelo quieto, que él se va a dormir", cuenta su madre que le dijo al asesino. Jefferson y el joven de la pistola bebieron demasiada cerveza. Por un motivo que nadie recuerda, discutieron y terminaron a los golpes. Luego Jefferson se fue a su casa. Media hora después, su compañero de juerga entró a su habitación. Disparó sobre él y corrió cerro arriba hasta perderse en el laberinto de escaleras. Los policías de Caraballo llegaron minutos después y ya no lograron alcanzarlo.
La morgue del hospital no es más que una habitación con aire acondicionado. Las cámaras refrigeradas están averiadas desde hace más de veinte años. La sala de autopsias no funciona desde hace cinco, y ahora es un depósito de los ataúdes que el Estado dona a los indigentes fallecidos.
Cada cadáver permanece allí al menos 24 horas, o hasta que la única furgoneta que los traslada desde los hospitales hasta la morgue central de la ciudad esté disponible. Luego pasan otro día en la morgue central, o hasta que uno de los forenses de la policía -que practican hasta 37 autopsias un fin de semana cualquiera- certifique la causa del deceso.
El lunes día 28 de septiembre por la tarde la policía científica le entregó a Morela Marrero el cuerpo de su hijo Jefferson. Con suerte, y gracias al seguro funerario, logró alquilar una capilla para velar a su hijo. Por razones de seguridad, la Cámara Nacional de Empresas Funerarias decidió en 2007 no prestar servicio a las familias de los jóvenes muertos a tiros.
"Es un peligro para todos. Muchos de esos jóvenes fueron miembros de bandas de delincuentes. Y cuando matan al miembro una banda, los de la banda rival saben que todos sus compañeros y familiares van a estar reunidos en el velatorio, llorando al difunto. Entonces van a la funeraria y les disparan a todos. Y salen perjudicadas familias inocentes". Euro Villalobos, presidente de la Cámara de Funerarias, asegura que al menos dos veces al mes se desatan balaceras de este tipo en las capillas y velatorios de Caracas. Los pistoleros disparan primero al ataúd para cerciorarse de que el enemigo está muerto. Luego apuntan a los demás. A los rivales y a los que no lo son.
En enero de 2008 el gobierno venezolano desplegó 800 soldados en calles de la capital como ariete del plan Caracas Segura para "erradicar la acción del hampa". Pero los delincuentes saben cómo defenderse. Un revólver no cuesta más de US$ 350 en el mercado negro.
Jefferson era el cuarto de seis hijos de una viuda menor de 40 años y único sostén económico de la familia. Para salvaguardar el honor, su madre aclara: "El papá del muchacho sí murió de muerte natural".

Violencia armada

Unas 2,1 millones de personas murieron como resultado de la violencia armada desde 2006 debido a la lentitud con que evolucionan las conversaciones para un tratado sobre el comercio de armas convencionales, dijo ayer la coalición de ONG, Oxfam. Según la organización, el mayor número de muertos se registró como resultado de la violencia criminal, con las tasas más altas concentradas en África y América Latina.