jueves, 8 de octubre de 2009

La inseguridad deja 50 muertos por fin de semana en Caracas

tendido en la camilla de aluminio, en la morgue del hospital- pareciera que las balas no lograron interrumpir el sueño de Jefferson. Hace unas horas lo mataron en su cama, mientras dormía, de cuatro disparos cruzados en el pecho.
Tenía 16 años y su asesino, un amigo del barrio, ronda la misma edad. Él, y la procesión de cadáveres adolescentes que se apilan a su alrededor a medida que avanza la noche, validan la estadística local de que los chicos más pobres son las víctimas predilectas de la violencia que cada fin de semana se lleva entre 30 y 50 vidas en Caracas.
El comisario Darío Caraballo traduce esta situación a cifras. En 2008 dejó un parte de más de 1.900 asesinatos por violencia común y convirtió a la capital de Venezuela en la segunda ciudad más peligrosa del mundo, después de Ciudad Juárez.
Caraballo es uno de los encargados de coordinar el trabajo de los 140 policías municipales que cada noche patrullan el barrio de Petare: una sucesión de viviendas carenciadas que cubren por completo los montes del este de Caracas, que se comunican por unas pocas calles y un complicado laberinto de escaleras, y donde viven unos dos millones de personas.
Sólo en un fin semana, el último de septiembre, 34 personas fueron asesinadas en Caracas. El primer cuerpo baleado que ingresó a uno de los dos hospitales del barrio fue el de Jefferson Michael Ibarra Marrero. "Déjamelo quieto, que él se va a dormir", cuenta su madre que le dijo al asesino. Jefferson y el joven de la pistola bebieron demasiada cerveza. Por un motivo que nadie recuerda, discutieron y terminaron a los golpes. Luego Jefferson se fue a su casa. Media hora después, su compañero de juerga entró a su habitación. Disparó sobre él y corrió cerro arriba hasta perderse en el laberinto de escaleras. Los policías de Caraballo llegaron minutos después y ya no lograron alcanzarlo.
La morgue del hospital no es más que una habitación con aire acondicionado. Las cámaras refrigeradas están averiadas desde hace más de veinte años. La sala de autopsias no funciona desde hace cinco, y ahora es un depósito de los ataúdes que el Estado dona a los indigentes fallecidos.
Cada cadáver permanece allí al menos 24 horas, o hasta que la única furgoneta que los traslada desde los hospitales hasta la morgue central de la ciudad esté disponible. Luego pasan otro día en la morgue central, o hasta que uno de los forenses de la policía -que practican hasta 37 autopsias un fin de semana cualquiera- certifique la causa del deceso.
El lunes día 28 de septiembre por la tarde la policía científica le entregó a Morela Marrero el cuerpo de su hijo Jefferson. Con suerte, y gracias al seguro funerario, logró alquilar una capilla para velar a su hijo. Por razones de seguridad, la Cámara Nacional de Empresas Funerarias decidió en 2007 no prestar servicio a las familias de los jóvenes muertos a tiros.
"Es un peligro para todos. Muchos de esos jóvenes fueron miembros de bandas de delincuentes. Y cuando matan al miembro una banda, los de la banda rival saben que todos sus compañeros y familiares van a estar reunidos en el velatorio, llorando al difunto. Entonces van a la funeraria y les disparan a todos. Y salen perjudicadas familias inocentes". Euro Villalobos, presidente de la Cámara de Funerarias, asegura que al menos dos veces al mes se desatan balaceras de este tipo en las capillas y velatorios de Caracas. Los pistoleros disparan primero al ataúd para cerciorarse de que el enemigo está muerto. Luego apuntan a los demás. A los rivales y a los que no lo son.
En enero de 2008 el gobierno venezolano desplegó 800 soldados en calles de la capital como ariete del plan Caracas Segura para "erradicar la acción del hampa". Pero los delincuentes saben cómo defenderse. Un revólver no cuesta más de US$ 350 en el mercado negro.
Jefferson era el cuarto de seis hijos de una viuda menor de 40 años y único sostén económico de la familia. Para salvaguardar el honor, su madre aclara: "El papá del muchacho sí murió de muerte natural".

Violencia armada

Unas 2,1 millones de personas murieron como resultado de la violencia armada desde 2006 debido a la lentitud con que evolucionan las conversaciones para un tratado sobre el comercio de armas convencionales, dijo ayer la coalición de ONG, Oxfam. Según la organización, el mayor número de muertos se registró como resultado de la violencia criminal, con las tasas más altas concentradas en África y América Latina.

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