lunes, 19 de octubre de 2009

Venezuela: Un país de asesinos

Los crímenes a personajes públicos han sido el símbolo de una larga lucha entre el venezolano y su subsistencia, pues ya data la primera década.
La muerte del actor Yanis Chimaras, junto con los asesinatos del ex-fiscal Danilo Anderson, los hermanos Faddoul, el empresario Sindoni y los estudiantes en Kennedy, contrastan con las decenas de víctimas anónimas que cada semana caen asesinadas, producto de esta violencia extrema que alcanzó su clímax cuando al ministro Diosdado Cabello, le intentaron robar su auto, con la fortuna de que sus escoltas lograron repeler la inminente agresión.
Claro, el venezolano “de a pie” no tiene escolta y termina como víctima de la inseguridad desbordada, directa o indirectamente. Pero el gobierno intenta esconder las cifras o manipularlas al no poder ocultárselas a periodistas, médicos y pueblo, en general, que enseguida las hacen públicas.
El gobierno denuncia que los medios de comunicación distorsionan la realidad. Sin embargo, usted conoce la verdad, porque, tal vez ha sido o tiene un familiar que ha padecido esta inseguridad.Y es que el fin de semana pasado murieron 49 personas. El anterior , murieron 54 y el gobierno no dijo nada. Nunca lo vimos hacer algo por evitar los 38 muertos diarios que hubo en 2006, los 41 muertos diarios en 2007 y los 44 muertos diarios que hubo en 2008. Si a todo esto le sumamos que entre 4 y 5 millones de armas se encuentran, ilegalmente, en manos de civiles y el 85% está en manos de delincuentes, entonces estamos frente a un evidente problema de Estado. No por nada, nuestra capital Caracas, es considerada la segunda ciudad más violenta del planeta, incluso por encima de Bagdad.
Eso nos debe poner a pensar en lo peligroso de nuestras calles y avenidas, nuestros caseríos y veredas, nuestros locales y casas, pero claro, eso ya usted lo sabe porque lo vive diariamente.
El aumento de la desigualdad, la reducción del empleo, el abandono infantil y la instauración de una paradoja terrible entre la democratización de las expectativas y la verdadera posibilidad de satisfacerlas, crean un caldo de cultivo ideal para destruir la sociedad que, poco a poco, va creando sobre sus cimientos un país de asesinos.
Otro factor importantísimo es la impunidad que fomenta y convierte al criminal en una especie de ser inmune al castigo.
Es así como en menos de 10%, se ubican las detenciones con respecto a los delitos y, de ese porcentaje, la mitad sale libre por diversas razones de jueces corruptos, detenciones arbitrarias o fugas. Lo descrito lleva a entender que hay una seria falla en toda la estructura gubernamental que ha hecho poco para desarrollar políticas de freno, prevención, detención y castigo que sirvan para combatir la delincuencia.
Seres que hace 10 años eran apenas bebés, hoy tienen 14 y 15 años, pero ya sujetan armas y un prontuario con muertos incluidos. Son la nueva generación de venezolanos, muchachos capaces de apagar la vida de cualquiera por unos zapatos, relojes o pocos billetes.
Estos asesinos no los creamos con tecnología de punta que permita manipularlos genéticamente, ni con algún tipo de entrenamiento intensivo. Sólo facilitamos las condiciones necesarias para que un venezolano nazca en el peor ambiente económico, de salud, deportivo, cultural, social y así terminamos diseñando muchachos que odian la vida y se convierten en mensajeros constantes de la muerte.

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